Artículo de revisión
Vigotsky y Neuropsicología en América Latina
67 min
La “doctrina de las emociones” de Vygotski frente a las Teorías neuropsicológicas de las emociones
A “doutrina das emoções” de Vygotski frente às Teorias neuropsicológicas das emoções
1 Laboratorio de neurociencias, Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, UNAM, México
2 Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, UNAM, México
Correspondencia:
Recepción:
10/06/2026
Aceptación:
10/07/2026
Publicación:
07/09/2026
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Introducción
Ha pasado casi un siglo (93 años) de la publicación del libro Doctrina de las emociones de L. S. Vygotsky, y la vigencia de su texto sigue presente. Los avances científicos en la psicología, las neurociencias y la neuropsicología de las emociones han sido sorprendentes, finos y bien fundamentados y, aun así, su texto sigue presente. Su importancia no radica en los datos empíricos de la biología de las emociones, sino en sus tesis centrales que siguen orientando la discusión sobre la psicología de las emociones, la crítica al dualismo que subyace en la psicología o al reduccionismo biológico que elimina lo psicológico y, en consecuencia, no lo explica. El reduccionismo biológico en su forma radical termina por desaparecer a la psicología:
La psicología propiamente ha muerto […] todos, excepto los psicólogos, sabemos que la psicología murió […] Las grandes interrogantes de los psicólogos clásicos evolucionaron hacia terrenos que pueden ser explorados por otros científicos […] la pregunta que debemos contestar es de qué manera el cerebro habilita la mente. (Gazzaniga, 1999, p. 88).
Los problemas fundamentales que planteó Vygotski sobre las emociones humanas siguen presentes: lo psicológico se reduce a lo biológico; la psicología de las emociones se difumina en las finezas de los sistemas biológicos del cerebro o el cuerpo, aun con visiones neofrenológicas que cosifican cualquier proceso psíquico, incluidas las emociones, y luego buscan el lugar utópico donde “la cosa” se encuentra en el cerebro. En la mayoría de las explicaciones neuropsicológicas sigue presente no solo la utopía neofrenológica, sino su consecuencia: el mito del cerebro sin cuerpo; hablan de la relación entre cognición o psiquismo o mente y el cerebro. La sinécdoque (la parte por el todo) se transforma en teoría creíble sin comprender que no existe cerebro sin cuerpo en ningún animal vivo; incluso, no existe ningún animal que, teniendo solo sistema nervioso, como las medusas, no tenga cuerpo. La consecuencia de este mito es que ignoran al individuo entero (cerebro-cuerpo) y, al hacerlo, acaban ignorando también que no existe individuo sin entorno; son una unidad indisoluble. Entorno que, en los humanos, es social, semiósico, cultural e histórico con el que el individuo interactúa, transformándolo y transformándose, lo que finalmente determina la naturaleza de lo psicológico. Sin esta comprensión, no hay forma de explicarse lo psicológico de las emociones; solo se avanza en sus fundamentos biológicos. Por supuesto, todas las teorías reconocen al entorno humano, pero algunas lo conciben como titiritero que domina las reacciones humanas (materialismo mecanicista y linealmente evolutivo), mientras que otros niegan su existencia objetiva y postulan su existencia como creación subjetiva humana; se asumen como constructivistas (idealismo berkeliano). Ambas posturas criticadas por Vygotski siguen presentes en las neurociencias modernas de las emociones.
El reduccionismo biológico
Entenderemos por reduccionismo biológico del psiquismo, en particular del humano, a la tendencia filosófica y científica que explica lo psicológico asumiendo dos premisas fundamentales y una secundaria. La primera fundamental: el psiquismo surge del cerebro; la segunda, basta explicar el funcionamiento biológico, por lo general restringido al cerebro y al sistema nervioso, para dar cuenta de la psicología humana, de ahí que, ante la pregunta, ¿qué es el psiquismo, la mente o la cognición?, respondan: el funcionamiento del cerebro, o más recientemente, el funcionamiento del cuerpo-cerebro (un psiquismo encarnado o embodied mind). La premisa secundaria atenúa las anteriores: se acepta que el entorno influye en las modificaciones corporales o cerebrales, pero creen suficiente solo explicar las condiciones y regularidades de la conversión de señales biológicas y su transmisión que aquel provoca, e ignoran o desdeñan las peculiaridades cualitativas del entorno que determina el tipo de acciones del individuo. Y peor aún, les cuesta trabajo explicar el papel activo del individuo sobre el entorno, actividad que termina modificando a su propia biología. Esto es más notorio cuando el entorno es social, semiósico, cultural e histórico.
Definir lo psicológico por sus fundamentos biológicos es un engaño sin mentir. Suele cautivarnos por las sutilezas y precisiones de sus logros científicos al describir el cuerpo-cerebro, pero como el mago o el ilusionista, nos hace ver otra cosa diferente: no explica el psiquismo, entendido como la orientación y regulación semiósica, social y cultural de la actividad humana (Escotto-Córdova, 2023). Confunde el objeto de estudio de la psicología humana con la biología de los humanos.
El reduccionismo biológico de lo psicológico, en particular de las emociones, es la explicación hegemónica en las neurociencias. Los reduccionistas biológicos se dan cuenta de estas limitaciones, pero las enfrentan con más reduccionismo: van del biológico al bioquímico, de este al fisicoquímico, de este a la física cuántica. Por eso, en la explicación de lo psicológico, pasaron del cuerpo al cerebro, del cerebro a la neurona, de la neurona a las sinapsis, de ellas a los neurotransmisores, sus proteínas y enzimas, de ellas a los genes, de ellos a la biología molecular, de esta a la estructura más profunda de los átomos y las supercuerdas. Y ya ahí, algunos creen, como el físico cuántico y premio Nobel Roger Penrose (1996), que a esos niveles radica la explicación de la conciencia.
No existe ninguna explicación verosímil en las modernas neurociencias o la neurobiología de las emociones capaz de explicar cómo los mismos mecanismos biológicos, por finamente descritos que estos sean, pueden dar cuenta de la enorme diversidad de sentimientos. Apelan a la complejidad de las redes sinápticas, moléculas, enzimas, genes, etc. Pero aun concediendo verosimilitud a estas complejidades, no pueden explicar cómo, siendo generalmente las mismas en todos los humanos, los sentimientos y emociones son diversos en diferentes épocas, regiones, lenguas, variedades de culturas, grupos sociales, personas, grupos etarios, atribuciones de género, clases sociales y grupos de poder y subordinación que existen en la humanidad. Incluso en gemelos monocigotos. No pueden explicar cómo la concienciación de la importancia personal y el sentido íntimo que ciertas vivencias sociales, semiósicas, culturales e históricas generan diferentes afectos en un individuo concreto, afectos que se sustentan en la misma biología (cerebro-cuerpo) del mismo individuo. Vygotski planteó en sus justos términos el problema, y ofreció un camino alternativo para su teorización e investigación científica, pero no lo concluyó.
Ciertamente, las posturas más avanzadas modernas no vygotskianas superan el localizacionismo y ya incluyen a otros sistemas del cuerpo humano (psiquismo encarnado), comentan el papel del lenguaje y la conscienciación, y reconocen la influencia de la cultura y la sociedad. Sin embargo, siguen presentes las explicaciones reduccionistas atrapadas en la tesis de que lo psíquico, o lo mental, o lo cognitivo es el funcionamiento del cerebro, o del cerebro y el cuerpo. Es decir, el psiquismo-cognición-mente, y en particular las emociones, surge del cerebro o del cuerpo-cerebro; reconocen la influencia de la sociedad y la cultura, pero no su importancia en su génesis y mantenimiento; mientras que el papel del lenguaje se reduce a cómo se nombran y definen las emociones. En otras palabras, no las conciben como unidad indisoluble, dialéctica, de toda acción del individuo que actúa transformando su sociedad y orientado semiósicamente en su cultura, lo que equivale a decir que son históricas, irreductibles a lo biológico, aunque sin este no existirían. Esta unidad dialéctica entre cultura y biología, que da como resultado lo cualitativamente nuevo del psiquismo humano, es lo que la biología de las emociones, y en particular la neuropsicología, no ha podido explicar.
La importancia del libro de Vygotski radica en tres cuestiones fundamentales. La primera, por la vigencia del método de análisis epistemológico, filosófico y metodológico para desentrañar las limitaciones del reduccionismo biológico. La segunda, su crítica fundamental sigue vigente: explicar la biología de las emociones, por más reales que sean los fenómenos biológicos implicados, no es explicar la psicología de las emociones. El reduccionismo biológico elimina lo psicológico; en consecuencia, es incapaz de explicar cómo las mismas estructuras biológicas dan cuenta de la diversidad de los afectos, de su naturaleza social, histórica, cultural y semiótica, del papel de la conscienciación y la personalidad en los afectos y de los alcances y límites de la orientación y regulación voluntaria de la expresión, pero no de la vivencia de los afectos. La tercera, porque fue la primera teoría psicológica alternativa a la tesis freudiana que sostenía que cualquier expresión emocional no era más que simbolización de deseos inconscientes. Vygotski fue de los primeros psicólogos en teorizar cómo la reactividad de los afectos está en función directa de la conscienciación del entorno que le afecta, del significado y sentido psicológico para el individuo concreto que actúa sobre su entorno social, semiósico, cultural e histórico. La alegría, el orgullo, la vergüenza, el gozo intelectual, etc., no se explican por la biología subyacente (que siempre existe), ni como expresiones simbólicas de deseos reprimidos, sino por el sentido personal, subjetivo y conscienciado que las acciones concretas en el entorno social y cultural conllevan para el individuo históricamente determinado.
Este vínculo de la significación consciente en las emociones lo volverá a argumentar años después, desde la fenomenología, el filósofo Jean-Paul Sartre (2021) en su Bosquejo de una teoría de las emociones. Jean-Paul Sartre se acerca más a la concepción vygotskiana sin referirla. Alterna la sinonimia sentimiento-emoción en “el hombre en situación” para establecer que los aconteceres psíquicos siempre son significaciones, por lo cual su reducción biológica es errónea: “…la emoción no existe como fenómeno corporal, ya que un cuerpo…no puede conferir un sentido a sus propias manifestaciones” (p. 27). En las neurociencias, el papel fundamental del significado en las emociones lo retoma Lisa Feldman Barrett (2023), con su Teoría de la emoción construida, es decir, desde el constructivismo neurocientífico (neoberkelismo).
La terminología “afectiva” en la psicología, la filosofía y las neurociencias
Prácticamente todos los investigadores en neurociencias, neuropsicología, psicología científica, y psicología filosófica, incluido Vygotski, utilizan nombres genéricos, no siempre definidos, para referirse a ese tipo de experiencias psicológicas identificables corporalmente tanto por el mismo individuo como por otros, las cuales modulan las acciones cotidianas de orientación, búsqueda y acercamiento a lo que produce placer, gozo, fruición o bienestar; o de evitación, alejamiento, disminución de lo que produce malestar, dolor, o daño, las cuales reciben diferentes términos usados como sinónimos: afectos, pasiones, apetitos, necesidades, pulsiones, impulsos, instintos, motivaciones, estados de ánimo, talante, humor, disposición, emociones, sentimientos, estados disposicionales, deseos simbolizados. Esas experiencias psicológicas suelen expresarse con locuciones del tipo: ¿cómo se siente?; siento que… en dos sentidos de uso: como sensaciones corporales o como emociones o sentimientos o estado de ánimo; o “está usted animado…”, en el sentido de motivado y dispuesto; ¿qué afectos siente?, ¿de qué humor andas?; o más fisiológicamente se habla de sensaciones propioceptivas, nociceptivas; o desequilibrios homeostáticos que crean necesidades; incluso algunos, como Freud y los psicoanalistas, o Antonio Damasio, refieren el término de instintos, aunque en el psicoanálisis dominó el término de “deseo” inconsciente. Los teóricos de las neurociencias de las emociones, como Lisa Feldam Barrett (2023), utilizan alternativamente afectos, emociones, sentimientos, mientras que otro neuropsicólogo, Antonio Damasio, llega a distinguir y definir afectos, emociones y sentimientos.
Crítica vygotskiana al reduccionismo biológico de las “emociones”: ¿y lo psicológico?
Lev S. Vygotski desarrolló durante sus diez años productivos en la psicología las premisas de la llamada psicología histórico-cultural y las emociones (1925/1997; 1927/1997; 1930/2017; 1931/1993; 1933/2017; 1934/1993). Consideró el tema científico de las emociones como el más sensible para evidenciar cómo, atrás de los datos empíricos, se esconden posturas filosóficas añejas que los filtran e interpretan: el materialismo mecanicista y el idealismo en la versión dualista cartesiana, o en la berkeliana (moderno constructivismo: la realidad no existe, la construimos). Consideró que cualquier teoría científica sobre el tema no solo tiene evidencia empírica y experimental, sino una postura filosófica que orienta la teoría en la psicología de las emociones. Por lo tanto, comprender la psicología de las emociones en diferentes teorías, requiere evidenciar los supuestos filosóficos ocultos no resueltos. Vygotski desentrañó estos supuestos en las teorías, métodos y experimentos en las teorías psicológicas de su época, y lo hizo no solo con su práctica científica, sino con otra postura filosófica: el materialismo dialéctico.
Las explicaciones biologicistas de las emociones y las insuficiencias idealistas sobre el contenido psíquico de origen social, semiósico, cultural e histórico se inician con la filosofía dualista cuerpo-alma de René Descartes. Vygotski consideró que ambas posturas (mecanicismo e idealismo) eran un complemento mutuo, y expresaban la incomprensión científica de lo psicológico en tanto unidad dialéctica entre biología y cultura. Ya desde 1925, Vygotski (1925/1997) criticaba: “La biología se traga a la sociología y la fisiología a la psicología. El estudio del comportamiento del hombre se aborda del mismo modo que el estudio del comportamiento de cualquier mamífero” (p. 41).
En la psicología y en las ciencias sociales, los grandes logros del reduccionismo metodológico (que analiza las partes para luego explicar el todo) en el ámbito biológico han devenido lamentablemente en simplificaciones típicas del reduccionismo teórico (que reduce el todo a las partes) en la explicación del psiquismo de la especie humana. El caso de las emociones es un ejemplo típico que Vygotski detectó en 1933 con suma claridad al analizar las teorías reduccionistas de su época. Consideró que la psicología de las emociones era el punto de inflexión de estas tendencias, y ubicó su importancia teórica para esta ciencia: explicar las cualidades psicológicas del ente biológico humano es un problema fundamental, y las dificultades para su explicación científica se evidenciaban en la solución dualista, o interaccionista, o reduccionista (ya sea biológica o conductual) que desde Descartes hasta nuestros días han estado presentes. Ninguna de estas soluciones ha dado una explicación verosímil de la unidad dialéctica biología-cultura que se denota con la palabra “psiquismo humano”. El tema lo abordó en su libro Doctrina de las emociones (Vygotski, 1933/2017), y supo plantear con lucidez y sistematicidad los problemas centrales, tanto filosóficos como científicos, pero su vida ya no le alcanzó para encontrar una solución a ellos; murió al año siguiente.
En la actualidad, cuando el neuropsicólogo opta por explicar lo que padece un paciente describiendo con detalle su daño cerebral, renuncia, como dijera Vygotski, a explicar “…la relación directa entre el sentimiento que experimenta [el paciente] y la restante vida de la conciencia, que le da sentido y significado, declarando que se halla fuera de los límites de la interpretación científica” (Vygotski, 1933/2017, p. 293). Y peor aún, cuando centra su “diagnóstico” en pruebas psicométricas, menosprecia aún más lo que siente un paciente y, sin percatarse de la burla implícita, se siente satisfecho con confirmarle al paciente que está fuera de la norma, que no es como la mayoría: ¡¡¡cómo si la persona no lo supiera ya!!! Pasa por alto que la psicometría solo mide qué tan cerca o lejos se encuentra la persona dentro de la norma, pero eso no es diagnosticarla, ni mucho menos explicar su condición psicológica. Medir no es diagnosticar (Escotto-Córdova et al., 2023). En el centro de esta práctica neuropsicológica está el problema teórico y humano de las emociones y sentimientos.
El reduccionismo biológico del psiquismo, en particular de las emociones, en las neurociencias y neuropsicología modernas, adolece de las mismas insuficiencias que criticara Vygotski hace casi cien años en las teorías reduccionistas biológicas de las emociones dominantes en su época. En la época de Vygotski, las teorías dominantes eran la vascular y visceral de James-Lange; y cortico-talámica de Cannon y otros, las cuales tenían en común cuatro aspectos: a) eran reduccionistas biológicas; b) eran incapaces de explicar el contenido psicológico y el desarrollo de las emociones; c) eran incapaces de vincular las emociones a la conciencia del sentido y significado vital que tiene para el individuo concreto el conocimiento de aquello que le afecta; d) eran incapaces de vincularlas a la personalidad del individuo real, cultural e históricamente concreto, omitiendo “…la relación real entre emociones y todo el contenido de nuestra personalidad” (Vygotski, 1933/2017, p. 291). No obstante, estas insuficiencias no impedían a James, Lange o sus seguidores reconocer la existencia de emociones “superiores”, “espirituales”, producto del “pensamiento puro”, lo que llevaba a sus teorías al dualismo, o al interaccionismo, complemento inevitable del reduccionismo biológico.
Comprender los argumentos de Vygotski sobre cómo abordar psicológicamente las emociones pasa por entender las limitaciones del reduccionismo biológico que sigue presente en las neurociencias y la neuropsicología modernas en su versión del monismo neural, al pretender explicar lo psicológico, sea la conciencia, las emociones, la personalidad, o cualquier función psíquica, cognitiva, mental, conductual o inconsciente (términos con los que diversos modelos teóricos de la psicología identifican “lo psicológico”), mediante el reduccionismo biológico.
Vygotski y los antecedentes del reduccionismo biológico de las emociones
Los antecedentes del reduccionismo biológico del psiquismo son filosóficos; se ubican en René Descartes con su explicación de la máquina corporal, en la cual, el fluir de corpúsculos materiales pequeñísimos llamados “espíritus animales” viaja por la sangre y los nervios hasta la glándula pineal, lugar donde cuerpo y alma se unen, y cuya manifestación objetiva son las pasiones (Descartes, 1649/2011). El punto débil de las contradicciones del dualismo cartesiano son precisamente las pasiones humanas, pues al ubicar en un lugar específico el alma inmaterial (en la glándula pineal), le da dimensión espacial y la materializa, lo que implicaba una contradicción con su carácter inmaterial. El resultado fue que la explicación corporal, fisiológica, de las emociones no tuvo una explicación psicológica de estas.
El dualismo cartesiano perduró varios siglos. En los siglos XIX y XX, el tema de las pasiones o emociones tuvo una nueva versión fisiológica en la teoría de las emociones de Lange-James; Carl Georg Lange la formuló en 1865 y el estadounidense William James en 1884. Ellos, al igual que Descartes, pretendieron explicar las emociones-pasiones a través de los “fluidos” del cuerpo, ya vía vascular (Lange), ya visceral (James). Estas respuestas fisiológicas son reguladas por el sistema nervioso autónomo. En consecuencia, la naturaleza psicológica de las emociones tampoco era explicada. Estas teorías dominantes en la época de Vygotski explican por qué centró su crítica en ellas. Sin embargo, para ese momento, nuevas teorías con fundamento científico estaban surgiendo: la teoría cortico-talámica de Cannon. El optimismo de Vygotski de que la nueva aproximación científica a las emociones superara al cartesianismo de Lange-James no resultó como él creía. Devino en la versión moderna del reduccionismo biológico, ahora llamado monismo neural, presente en las neurociencias actuales, así como de algunas aproximaciones neuropsicológicas y psicológicas. Y, como afirmara Vygotski (1933/2017) para la filosofía, “De la forma dualista: dios y la naturaleza, surge la monista: dios o la naturaleza (…) Descartes sigue el camino que conduce a Spinoza” (p. 230).
El moderno reduccionismo biológico se ufana de haber superado el dualismo cartesiano al igualar “el alma” al funcionamiento del cerebro. En realidad, el monismo neural solo suprime el problema, pero no lo resuelve. No explica científicamente la psique, o la cognición, o la mente existente en el individuo biológico de la especie Homo sapiens. Ubican zonas de activación cerebral, describen redes de conexiones sinápticas y los procesos bioquímicos de la transmisión de señales, pero no han podido explicar cómo, una misma foto, con los mismos procesos en el mismo individuo, adquiere significación personal cuando se está enamorado o después del engaño de la otra persona. En consecuencia, la crítica que enfocó Vygotski hacia el reduccionismo simplista de la teoría de James-Lange, sigue vigente para el reduccionismo moderno del monismo neural que explica con gran finura científica el funcionamiento corporal en las emociones, pero no su naturaleza psicológica,
Desde el primer párrafo de su libro, Vygotski establece la diferencia fundamental entre su concepción histórico-cultural del psiquismo humano, en particular de las emociones, y dos de las teorías de las emociones con tinte de cientificidad, famosas por esa época, formuladas por el danés Carl Georg Lange en 1865 y el estadounidense William James en 1884, las cuales resumió en pocas palabras: la teoría orgánica de las emociones. Los antecedentes filosóficos de la teoría de Lange, a decir de este, se ubican en el filósofo judío Baruch Spinoza, particularmente en su texto Ética (Spinoza, 1677/2011), libro cuya parte tercera está dedicada a los afectos. Por supuesto, tanto Lange como James tienen como sustrato filosófico, el mecanicismo del filósofo francés René Descartes, propuesto en el libro Las pasiones del alma (Descartes, 1649/2011); ambos filósofos son su base filosófica sobre la naturaleza corporal, orgánica, de las emociones, pese a que son propuestas filosóficas contrapuestas. Descartes y Spinoza pusieron al cuerpo humano en el centro explicativo de la psicofísica de las emociones, pero Descartes propone el dualismo alma-cuerpo como entes independientes que interactúan, uno inmaterial y otro material, mientras que Spinoza concibe el alma como sustancia (material) en el cuerpo, y a Dios como sustancia, es decir, como naturaleza o materia; por eso es cofundador del panteísmo y fue expulsado de su sinagoga.
Vygotski, casi recién incorporado a la psicología y que venía de estudiar derecho, literatura y filosofía: materialismo dialéctico de Marx y Engels, y Spinoza, filósofo que Carlos Marx revisó con detalle (González, 2012), fijó su posición ante las concepciones que reducían la conciencia a la fisiología. En 1924, en el II Congreso Nacional de Psiconeurología, expuso su tesis sobre la importancia de la conciencia humana y el problema de su reduccionismo biológico:
La reflexología no abandonará ese estado de primitiva ignorancia sobre la psique mientras se mantenga alejada de ella y continúe encerrada en el estrecho círculo del materialismo fisiológico. Ser materialista en fisiología no es difícil. Pero prueben serlo en psicología y, si no lo logran, continúen ustedes siendo idealistas (Vygotski, 1926/1997, p. 19).
Desde el principio, las reflexiones de Vygotski tienen su eje en el rechazo al reduccionismo biológico que elimina a la conciencia, y en reformular el papel de esta en el psiquismo humano, en particular, destacando su naturaleza social, semiósica, cultural e histórica que el conductismo, el psicoanálisis, y la reflexología reducían de distintas formas. Vygotski (1933/2017) aborda la “teoría orgánica de las emociones” especificando con precisión su crítica: “Nuestro análisis… consiste en descubrir todo el antihistoricismo de esta teoría (…) la teoría de James-Lange deberá ser reconocida en la doctrina de las pasiones más bien como una equivocación que como verdad” (p. 104-108). Su análisis no solo fue teórico-filosófico al mostrar su conocimiento de las tesis del filósofo Spinoza, sino científico, al mostrar su conocimiento puntual de las investigaciones neurológicas, neurofisiológicas y psicopatológicas de su época, las cuales utilizó para fundamentar la insuficiencia de la teoría más simplista y reduccionista de las emociones de aquella época, la de Lange y James.
En 1927 se publicó en ruso el libro de Walter Bradford Cannon con el título Fisiología de las emociones: Cambios corporales en el dolor, el terror y la furia, que Vygotski estudió con detalle. Sus tesis fueron interpretadas erróneamente por algunos investigadores como una confirmación de las tesis de James-Lange. Vygotski (1933/2017) señala que, a primera vista, los experimentos de Cannon son una confirmación de ellas. Sin embargo, no solo lo niega, sino que afirma que ellas demuestran experimentalmente que la definición de Spinoza de los afectos fue certera, toda vez que:
…la influencia dinamógena de las emociones, que eleva al individuo a un nivel más alto de actividad, es al mismo tiempo la demostración empírica… de Spinoza, para quien los afectos son un estado del cuerpo que aumentan o disminuyen la capacidad de actuar del propio cuerpo, favoreciéndola o limitándola y, al mismo tiempo, las ideas de estos estados. (p. 11).
Lo primero que hace Vygotski (1933/2017) es reconocer que las investigaciones experimentales de Cannon demostraron sin lugar a duda los cambios fisiológicos y corporales uniformes y estereotipados implicados en la ira, la furia, el miedo, etc., cambios que, tanto Lange como James, observaron y comentaron con observaciones cotidianas, de sentido común, y experimentos mentales, más que con rigurosidad experimental. Pero apunta, siguiendo a Cannon, las dos críticas fundamentales: a) son los mismos, con ligeras variaciones, en todas esas emociones; y, b) ocurren igual en estados que nada tienen que ver con emociones, es decir, no son característicos de las emociones, como en el dolor, la asfixia, el enfriamiento, la fiebre, la hipoglucemia, el dolor, y el trabajo muscular al correr (p. 12-122).
Una vez reconocida la realidad de dichos cambios, y sus dos grandes limitaciones fisiológicas, establece el problema filosófico, epistemológico, teórico y científico en las teorías de Lange y James. En primer lugar, James y Lange invierten la relación causa-efecto entre el contenido psíquico y la respuesta corporal en las emociones. Para ellos, primero el cuerpo reacciona, ya sea con respuestas vasomotoras (Lange), ya con respuestas viscerales y musculoesqueléticas (James), y luego conscienciamos la emoción. En palabras de James (1902): “Estamos afligidos porque lloramos, nos enfurecemos porque golpeamos; tenemos miedo porque temblamos, y no… lloramos, golpeamos, temblamos porque estamos afligidos, enfurecidos, asustados” (citado en Vygotski, 1933/2017, p. 115). En segundo lugar, si bien Lange y James identifican la existencia de dichos cambios corporales y fisiológicos, para ellos el contenido psíquico les parece superfluo, innecesario para explicar tales cambios. Ambos eliminaron todo contenido psíquico de la respuesta corporal, fisiológica, de las emociones. Para explicarlas, les bastó con describir puntualmente los cambios fisiológicos. La diferencia entre Lange y James solo radicó en el mecanismo fisiológico propuesto.
Ambas concepciones, idénticas con respecto al papel superfluo del contenido psíquico, llevaron a sus autores y seguidores a creer que, cuando Cannon demuestra experimentalmente la existencia detallada de tales cambios fisiológicos puntuales en las emociones de terror, la ira, el miedo, etc., sus teorías fueron confirmadas, es decir, que lo psíquico, el contenido psicológico, es innecesario para explicar tales cambios corporales de las emociones. No obstante, Vygotski, citando al mismo Cannon, evidencia que es todo lo contrario. Puesto que las mismas reacciones fisiológicas están presentes en esas emociones, es claro que: “…las reacciones de los diferentes órganos internos parecen demasiado uniformes para ofrecer el procedimiento adecuado de diferenciación… por lo menos en el hombre, teñidos con diferentes tonalidades subjetivas…” (Cannon, 1927, citado en Vygotski, 1933/1997). Vygotski (1933/1997) acaba planteando el problema de esta manera:
¿…los cambios orgánicos deben ser considerados la causa directa, la fuente y la propia esencia del proceso emocional… o… el punto de vista opuesto… los cambios corporales, consecuencias más o menos directas de los procesos psíquicos… la sensación consciente de la emoción constituye el fenómeno principal y fundamental y los cambios corporales concomitantes solo un epifenómeno?. (p. 116).
Vygotski (1933/1997) pasa a revisar los experimentos fisiológicos durante la década de 1920 por Sherrington (secciona el cerebro del cuerpo); por Cannon (elimina el sistema simpático y parasimpático); y por Marañón (inyecta adrenalina a humanos y recoge sus reportes subjetivos), que demuestran que la teoría de James-Lange es muy insuficiente. Además, valora el “grano de verdad” de la teoría de James que este no pudo ver: el hecho de que “…la emoción no es una simple suma de sensaciones de reacciones orgánicas, sino…una tendencia a actuar en una dirección determinada” (p. 133). Finalmente, los experimentos de Marañón implicaron, para Vygotski, la incorporación del plano subjetivo psicológico humano e hicieron accesible el análisis de la conciencia; además, permitieron la transición a las investigaciones clínicas.
No contento con estos resultados, Vygotski reseña los casos clínicos expuestos por Wilson, Bard, Dana, Head, y los de Bejterev en los que demostraban aspectos fundamentales que refutaban las teorías James-Lange: a) aún con parálisis corporal total, los pacientes reportaban emociones complejas y conscientes; b) pacientes con expresiones emocionales paradójicas: reían o lloraban inconsolablemente, pero su estado emocional subjetivo no correspondía a esas expresiones corporales; podían sentir tristeza mientras reían, o llorar mientras sentían alegría; c) pacientes con parálisis emocional del rostro (displejía facial), unos con rostro inmutable, de máscara mortuoria, mientras que otros con expresiones faciales patéticas cual máscara griega de alguna emoción; d) casos de lesiones unilaterales del tálamo cuya secuela era una expresión exageradamente sensible de emoción en solo en una mitad del cuerpo. Los resultados demostraban que los hemisferios cerebrales, la corteza y el tálamo, eran estructuras básicas para explicar lo psicológico de las emociones, mientras que el tallo cerebral lo era de las respuestas periféricas. Todos esos avances científicos que descartaron la teoría de James-Lange produjeron una nueva teoría, la teoría talámica de las emociones.
Sin embargo, Vygotski (1933/1997) vuelve a señalar que la teoría supone la afinidad de las sensaciones y emociones, reduce el sentimiento a la sensación, y no solo se apoya en la fenomenología de ellos, sino que ahora en la anatomía y fisiología del cerebro (p. 149). Revisa los datos experimentales de Bejterev, y los casos clínicos de la teoría talámica de las emociones: e) hemiplejía en la que la mitad de la cara paralizada no tiene control voluntario, pero si el paciente está triste o alegre, los músculos simétricos se activan; f) lesiones bilaterales del tálamo óptico que producen expresiones de risa unilateral en el rostro, pese a que el paciente controlaba voluntariamente ambos lados de la cara; g) la parálisis pseudobulbar que produce parálisis bilateral de los músculos de la cara, pero sí se mueven al reírse o al gritar; h) el negativismo emocional desprovisto de expresión emocional y tranquilidad irracional cuando se dañó la parte central del tálamo óptico; i) el caso de un neuroléptico por lesión en el tercer ventrículo que produjo emoción ausente e indiferencia ante los acontecimientos más trágicos; j) la desinhibición de reacciones involuntarias como llanto prolongado o risa, cuando se anestesia la corteza cerebral, es decir, cuando el control voluntario se inhibe, y brotan reacciones extremadamente emocionales. Por el contrario, no se ha reportado (en 1933) caso alguno de parálisis emocional como secuela de lesión cortical. Esto lleva a Vygotski (1933/2017) a la afirmación de que los datos abogan por la localización subcortical de las manifestaciones emocionales (p. 153-155).
Vygotski hizo un detallado análisis de lo que llamó la nueva teoría, la propuesta por Cannon, llamada talámica, concluyendo que su tesis central es la relación bidireccional cortico-talámica que explica la complejidad de las emociones, y una serie de hechos como el doble control: se pueden disociar, suprimir, las manifestaciones de las emociones, o incrementarse al retenerlas consciente y voluntariamente. Es en este asunto donde ubica el punto nodal de la naturaleza psicológica de las emociones. El problema del conflicto entre el control consciente y voluntario de las emociones, frente a la imposición de las emociones que subordina a la consciencia y la voluntad. En palabras de Vygotski (1933/2017): “…representa el verdadero centro psicológico y filosófico del estudio de las pasiones…” (p. 164).
En 1930 formula su crítica al localizacionismo biológico de las funciones psicológicas, y expone su tesis de que “…las emociones complejas aparecen solo históricamente…” (Vygotski, 1930/1997, p. 87). Muestra su conocimiento sobre la esquizofrenia, la afasia y otros trastornos neuropatológicos, y formuló propuestas iniciales sobre la neuropsicología que serían desarrolladas por A. R. Luria.
…a uno de los problemas más difíciles, el de la localización de los sistemas psicológicos superiores… El sustrato cerebral de los procesos psíquicos no lo integran sectores aislados, sino complejos sistemas de todo el aparato cerebral. Cualquiera de los sistemas a que me refiero recorre tres etapas. Primero, la interpsicológica […] después, la extrapsicológica; comienzo a decirme a mí mismo, y luego la intrapsicológica: dos puntos del cerebro, que, estimulados desde afuera, tienen tendencia a actuar como sistema único y se transforman en punto intracortical”. (Vygotski, 1930/1997, p. 89-91).
Vygotski y Spinoza: el papel del signo/significado en las emociones
El individuo (cerebro-cuerpo) es condición material de toda actividad consciente. Esta tesis tuvo su antecedente filosófico en Spinoza (1677/2011):
Entiendo por las afecciones del cuerpo, por las cuales aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada, la potencia de obrar de ese mismo cuerpo, y entiendo, al mismo tiempo, las ideas de esas afecciones [...] si pueden ser causa adecuada de alguna de esas afecciones, entonces entiendo por “afecto” una acción; en los otros casos, una pasión. (p. 209-210).
La cita de Spinoza la retoma Vygotski desde el inicio de su texto sobre las emociones en su polémica con Lange y James (Vygotski, 1933/2017, p. 103), no solo para indicar que hay sensaciones corporales, sino que modifican las acciones sobre el entorno (“la potencia de obrar”); además, para especificar que hay “ideas” (conceptos) de dichas afecciones corporales y del “cuerpo externo” (el entorno que lo afecta) (Spinoza, 1677/2011, p. 152). Spinoza especifica que las afecciones conllevan “imaginación” e “ideas”, imágenes y conceptos, que a su vez modifican a las acciones mismas y, en consecuencia, a los afectos. En otras palabras, hay contenido psíquico, no solo biología corporal. Ambas, imaginación e ideas, tienen un papel importante en la teoría de Spinoza (Spinoza, 1677/2011, p. 153, 155).
En otras palabras, las ideas (los conceptos) y las imágenes (la imaginación) operan como signo/significado. La noción del signo/significado en las obras de Vygotski (1930/2017; 1934/1997) y Luria (1979) es fundamental para comprender la conciencia, el pensamiento y la regulación voluntaria: permite al humano operar con un mundo sensorialmente ausente; son una herramienta cognitiva que lo lleva más allá del conocimiento sensorial del mundo, generando un conocimiento conceptual, categorial y teórico de él. Y, por supuesto, son el mediador fundamental del contenido social, semiósico y cultural de las emociones y sentimientos, lo que determina su carácter histórico.
La teoría de Lange-James de analizar las emociones en función del sistema visceral y vascular, es decir, del sistema simpático y parasimpático, ha resurgido. Pero, a diferencia de los argumentos cotidianos y experimentos mentales que dieron, surgió con evidencia experimental y clínica bajo el nombre de la teoría polivagal (Porges, 2018; Dana, 2019).
La teoría polivagal de Porges (1994) y el apego
Una serie de investigaciones experimentales a partir de las décadas de 1960 y 1970 vinculadas a la llamada psicofisiología (mediciones de la conducción eléctrica de la piel, frecuencia cardiaca, respiración, respuesta vasomotora, etc., con poligrafía electrofisiológica) dio estatus científico y cuantificable a los vínculos entre sensaciones corporales y contenidos psicológicos. Este clima de nuevas investigaciones impulsó a Stephen W. Porges, a formular su teoría polivagal dada a conocer en 1994, en particular con respecto a las emociones ligadas al trauma de personas que habían experimentado el riesgo de muerte y “…sus cuerpos se habían resintonizado frente al riesgo… y habían perdido la resiliencia para regresar a un estado de seguridad” (Porges, 2018, p.11). La teoría polivagal se basa en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo (SNA), en particular en el papel fundamental del nervio vago ubicado en el tronco encefálico, y la reactividad y regulación que tiene sobre diferentes órganos y sistemas vinculados con el sistema nervioso autónomo, aquel que subyace a la teoría vascular y visceral de la teoría de las emociones de Lange-James. Un elemento clave es el nervio vago. El 80% de las fibras vagales son aferentes (sensoriales) que van de los órganos internos al fascículo solitario (Porges, 2018, p. 21; Berne & Levy, 2024). Para Porges (2018), todas estas propiedades del SNA, y del vago, tienen importancia general en los trastornos emocionales y psicopatológicos:
La teoría polivagal pone de relieve… los circuitos neuronales que fomentaron el comportamiento social y dos clases de estrategias defensivas: la movilización, asociada a la lucha o la huida, y la inmovilización, asociada al acto de esconderse o fingirse muerto. El circuito… promueve el comportamiento social y se define por la conexión entre cara y corazón… la conexión social que detecta y proyecta seguridad… por medio de expresiones faciales y vocalizaciones que constituyen covariables del estado autónomo (…) las carencias a la hora de sentirse a salvo constituyen el rasgo nuclear del biocomportamiento que conduce a la enfermedad mental y física. (p. 16-17).
La teoría polivagal entiende por circuito social a las expresiones fasciales y corporales de las emociones, cercano a Darwin (1872/1984), y no solo retorna a la tesis inicial de Lange-James, sino que es un vaso comunicante con la teoría de Antonio Damasio. Dos conceptos claves de este son parte de la teoría de Porges y de Damasio. El primero es la interocepción y el segundo es la homeostasis. Sin embargo, la teoría polivagal no pretendió explicar y clasificar las emociones, los afectos o sentimientos, sino solo trató un proceso único y subyacente a ellos, dependiente del sistema nervioso autónomo. Es decir, sigue la sombra de Lange-James. En contraste, la de Damasio sí es una teoría de las emociones, afectos y sentimientos.
La teoría de Antonio Damasio: neuropsicología y teoría de los afectos
Uno de los más notorios investigadores sobre la neurobiología de las emociones es Antonio R. Damasio. Su teoría explica la conciencia a partir de las sensaciones corporales de las emociones, y la ha expuesto en textos famosos (Damasio, 1999; 2000; 2010a; 2010b; 2022). Llama nuestra atención la similitud de su proyecto teórico desarrollado desde 1999 en esos cinco libros, con los cinco libros teóricos de A. R. Luria en los que aborda los mismos temas con la misma secuencia evolutiva e histórica de narrar el psiquismo humano, sin reducirlo a lo biológico (Luria, 1977; 1978; 1979; 1980), publicados en ruso en 1975. También las similitudes con los tres libros teóricos de Leóntiev (El Desarrollo del Psiquismo, publicado en ruso en 1964; El hombre y la cultura, publicado en ruso en 1967; Actividad, conciencia y personalidad, publicado en español en 1978). Incluso, es notoria la similitud del sentido de la palabra que usa Damasio de “cartografiar” el mundo a través de los sentidos que forman imágenes, o la tesis de que “Las imágenes son el símbolo universal de la mente y el pensamiento” (Damasio, 2022, p. 130), con el sentido comunicativo y filosófico de “imagen como reflejo de la realidad” mediante los sentidos y el lenguaje; o del psiquismo como reflejo de la realidad, que utilizan Vygotski, Luria y Leóntiev. Damasio se diferencia de ellos en que puso el énfasis en las emociones y sentimientos. Estas similitudes son, en cierta medida, un proceso natural de las reflexiones científicas sobre los mismos temas. Las tesis teóricas tratan los mismos temas, pero tienen diferencias notables. En la obra de Damasio, es evidente la omisión (¿lo evita o lo ignora?) a teóricos rusos sobre el tema en la era soviética.
La teoría de Antonio Damasio
La obra de Antonio Damasio es importante para nuestro análisis por tres razones: la primera, es el investigador y teórico cuya propuesta sobre las emociones y sentimientos mantiene las mismas tesis centrales de la teoría cortico-talámica de las emociones y la conciencia que analizó críticamente Vygotski hace casi cien años, pero hoy fortalecida con múltiples avances neurobiológicos y clínicos de gran finura. Además, reconoce su filiación a la teoría de W. James y hace constantes referencias filosóficas a Descartes y Spinoza. Los mismos temas centrales criticados por Vygotski como rasgos del reduccionismo biológico.
La segunda, Damasio es digno representante del reduccionismo biológico moderno que reduce lo psíquico al funcionamiento del cerebro-cuerpo. Sus cinco libros antes mencionados son síntesis de muchas investigaciones empíricas, reportes experimentales y muchos casos clínicos en neuropsicología. La experiencia clínica y los datos empíricos sobre el papel de la amígdala, la zona basal y medial del prefrontal, el cíngulo, la ínsula, el núcleo accumbens llevaron a Damasio a proponer su teoría sobre las emociones y la conciencia, a partir de proponer el concepto inicial del “marcador somático” (Damasio, 1999). Su último libro (Damasio, 2022) es la síntesis de su teoría que aborda la importancia de la homeostasis en la “mente consciente”, la cultura, la sociedad, y el lenguaje. Para Damasio (2022), la noción de afecto incluye a los impulsos, las motivaciones, las emociones y los sentimientos, y caracteriza a los sentimientos como: “Resultado de una asociación cooperativa entre cuerpo y cerebro, que interactúan mediante moléculas químicas independientes y rutas nerviosas… los sentimientos son excitaciones mentales…” (p. 17). Ubica su origen en la homeostasis presente desde la primera célula: “Los sentimientos son la expresión mental de la homeostasis… alianza entre los cuerpos y los sistemas nerviosos… responsable de la aparición de la mente consciente…” (p. 19-20), atribuyendo a los sentimientos el origen de la cultura: “Mi idea es… que la actividad cultural comenzó profundamente unida a los sentimientos y que esta unión ha permanecido intacta” (p. 18). Damasio (2022) propone a la homeostasis como hipótesis de la evolución de la vida que llega hasta las culturas humanas. Hipótesis que conlleva el tufo del darwinismo social del siglo XIX, por lo que no logra explicar cómo es que la homeostasis, fundamento de la consciencia y las culturas, lleva a que predomine la guerra y destrucción de civilizaciones. El autor solo alcanza a decir: “es un proceso en curso” (p. 54); para él no hay lucha de clases, ni capitalismo, ni colonialismo, ni oligarquías, ni revoluciones en las que se confrontan dos o más “consciencias” de clase, todas con el mismo origen homeostático; ¿o hay dos diferentes?
La tercera razón consiste en que, la teoría de Antonio Damasio, representa la explicación materialista del reduccionismo biológico, la cual elabora linealmente el origen del psiquismo humano y la cultura. Sin embargo, el reduccionismo biológico que toma la homeostasis como base del ascenso lineal hasta la cultura humana, no explica la naturaleza cualitativa del surgimiento de la consciencia, ni del papel de las determinaciones sociales, semiósicas, culturales e históricas en la génesis del psiquismo humano. Todo lo cultural se explica por los sentimientos homeostáticos: la religión, la moral, la política, las guerras, el arte, la ciencia, la filosofía, etc., (Damasio, 2022, p. 247-253). Identifica estos niveles de análisis, pero al reducirlos a la homeostasis biológica, no puede explicar sus diferencias cualitativas.
Las tesis de Damasio (2022) en su libro (El extraño orden de las cosas) son claras: la homeostasis es el fundamento vital de los sentimientos, estos son su expresión mental (p. 196); la homeostasis y los sentimientos dependen de las fibras amielínicas que tienen impulsos nerviosos mediante la efapsis (perpendicular a la longitud de las fibras) (p. 188); las fibras del nervio vago son amielínicas, de ahí su vínculos visceral con los sentimientos, también el tubo digestivo y el sistema nervioso entérico (p. 189); el sistema nervioso es la condición necesaria para los sentimientos (p. 170); cuando se pasa de la emoción a los sentimientos, la experiencia del sentimiento se origina en el cuerpo; los sentimientos son conscientes (p. 171); evolutivamente surgen en los artrópodos, en los insectos sociales, aunque en forma primitiva (p. 179), lo que implica que son conscientes; las emociones y sentimientos no se localizan en módulos específicos del cerebro, no son solo la amígdala, la ínsula, el cíngulo anterior y el sector ventromedial del prefrontal, sino también el bulbo raquídeo, el área postrema, el piso del IV ventrículo, los órganos circunventriculares, los ganglios laterales y de la raíz dorsal, todos ellos superan la barrea hematoencefálica y permiten la interacción química y el SN (p. 184-185); son fenómenos conjuntos y simultáneos del cuerpo y el SN (p. 178), pero se localizan en el interior del cuerpo (p. 193); el cuerpo y el SN interactúan mediante sustancias químicas (p. 180); la “mente cultural” surge de la subjetividad y la experiencia integrada, es decir, lo que define a la consciencia (p. 202) con el tema de los qualia, lo que implica que los artrópodos sociales tendrían subjetividad; el papel del lenguaje, la semiosis la sociedad y la cultura son sus productos o solo agregados que se sobreponen, pero nada tienen que ver con su génesis y desarrollo. Los sentimientos se reducen a los procesos biológicos.
En la experiencia del sentimiento, hay muy poca distancia anatómica y fisiológica, o ninguna, entre el objeto que genera sus contenidos fundamentales -el cuerpo- y el sistema nervioso, que tradicionalmente se ve como el elemento que recibe y procesa la información… Esta interacción comprende procesos moleculares y neurales sobre tejidos específicos y sus reacciones correspondientes (…). Los sentimientos no son acontecimientos neurales. El cuerpo propiamente resulta fundamental en sus procesos… Los sentimientos son, de arriba a abajo, de manera simultánea e interactiva, fenómenos conjuntos del cuerpo y el sistema nervioso (Damasio, 2022, p. 177-178).
Damasio rompe con el tradicional mito neurocientífico del cerebro sin cuerpo, el cual considera una antigua historia de las neurociencias (p. 178); Damasio se incorpora a la nueva tendencia de un psiquismo corporizado. Rechaza la visión neofrenológica que aún sostiene Goleman (2018) sobre la inteligencia emocional. También se deslinda del localizacionismo de la conciencia al decir que no existe ningún lugar donde esté (Damasio, 2022, p. 216). Por supuesto, no olvida el papel del lenguaje, el de los símbolos concebidos como “pista verbal” asociada a las imágenes (puesta al lado de ellas, como en discos y películas), la cual nos hace peculiarmente mentes narrativas, algo excepcional entre las especies, “hasta ahora” (p. 205).
Hablar de cultura y lenguaje lleva a Damasio a establecer las similitudes con otra neurocientífica que trata los mismos temas con relación a las emociones. Damasio (2022) afirma que la concepción de la neurocientífica Lisa Feldman Barrett va en el mismo sentido que él lo plantea (p. 357), pero esto no es así, ni en su explicación científica ni en sus fundamentos filosóficos. Damasio se apoya en Spinoza y tiene sesgos cartesianos; Feldam se apoya en Hume, Berkeley, Kant y demás empiristas.
La explicación “constructivista” de las emociones: neurobiología, cultura, educación
Otra explicación de las emociones usando datos modernos de las neurociencias y viejas concepciones filosóficas es la explicación de las emociones de Lisa Feldman Barrett, la cual critica con nuevos argumentos la visión clásica de las emociones, en la que incluye a Antonio Damasio (Feldman, 2023). Para ella, la diversidad de las emociones radica en la diversidad del léxico y su significado en diferentes lenguas. Reconoce la existencia de múltiples emociones, no solo unas pocas (seis); recurre a determinaciones sociales y culturales; apela al uso de conceptos para concebir las emociones; centra su explicación en el papel del significado atribuido a las palabras que designan emociones (categorías, las llamó), e incluso, concibe las palabras como herramientas para expandir la realidad, similar a la noción de signo que concibió Vygotski (1930/2017). Hasta aquí las similitudes; las diferencias teóricas y epistemológicas de fondo son notables.
Feldman (2023) representa el idealismo fisiológico en las neurociencias modernas, pues plantea que las emociones no existen, sino que son una construcción del lenguaje y la cultura que los cerebros generan. Asume el mito del cerebro sin cuerpo; es el cerebro el centro explicativo, y no el individuo (cuerpo-cerebro) en su acción práctica; el cerebro es “alguien” -otro ser- que está en nuestro cuerpo, de ahí que afirme: “Somos nuestro cerebro… y el poder de predicción del cerebro (…) el cerebro modela el mundo desde la perspectiva de alguien con nuestro cuerpo” (p. 88 y 95).
Epistemológicamente, cree en el constructivismo fisiológico-cerebral: el cerebro crea la realidad; mediante bucles de predicción crea olores, sabores, sonidos, imágenes, y las compara con el mundo (p. 91): asume la vieja tesis empirista de que afuera de nosotros existe un mundo de señales caóticas y ambiguas, ante las cuales el cerebro crea orden, las conceptualiza, las predice, y nos permite conocer un mundo de objetos, de gente, de música y sucesos (p. 118-119). Coincide con William James no solo al citarlo diciendo que afuera de nosotros solo hay “una tremenda y zumbante confusión” (p. 119), sino cuando afirma que las sensaciones corporales involucradas en los afectos, solo se nombran diferente y por eso creamos las emociones. En realidad, reproduce las tesis del constructivismo idealista de George Berkeley de 1710: “…todo lo que puebla la tierra… los cuerpos que componen… el universo, solo tienen sustancia en la mente: su ser (ese) consiste en que sean percibidos” (Berkeley, 1710/1980, p.63). De ahí que casi lo copie: “…la información emocional no está en la señal misma… está en nuestra percepción…” (Feldman, 2023, p. 139), y del constructivismo moderno de Maturana y Varela (1996), con el constructivismo radical de Watzlawick (1995) y de Segal (1994). Asume las tesis empiristas de David Hume (1748/2017) (el cerebro capta sensaciones, no la realidad objetiva); coincide plenamente con la tesis de Emanuel Kant de 1781 sobre la razón pura: la experiencia se construye con conceptos; y concibe a la cultura y sociedad con las mismas nociones del constructivismo relativista cultural de finales del siglo XX (Feldman, 2023, p. 417). Siguiendo esta línea filosófica, la importancia fundamental que le da al significado de las palabras que designan emociones, lo hace desde la concepción constructivista (la palabra crea a la emoción al signarla, en vez de que la emoción es signada); y, finalmente, no abandona el constructivismo biológico moderno: “toda información sensorial es un puzzle enorme… supone señales continuas que son muy variables y ambiguas… La tarea del cerebro es predecirlas… para que experimentemos un mundo de objetos, de gente… y no la ‘tremenda y zumbante confusión’ que hay en realidad ahí afuera” (Feldman, 2023, p. 119). Lisa Feldman es la exponente neurocientífica de lo más granado del idealismo filosófico que sustenta al constructivismo.
Feldman llamó a su propuesta “la teoría de la emoción construida”; su síntesis es: el significado de las palabras que refieren a las mismas sensaciones corporales crea las emociones: “las emociones son significado” (p. 168) creado por el cerebro, de ahí que cambien en ciertas culturas. Las emociones solo existen si se construyen con significados. Sin ellos solo hay propiocepción y afectos. Pese a su constructivismo, Lisa Feldman Barrett realiza una crítica certera a la versión clásica de las emociones. Afirma que, según la clásica versión, todos llevamos emociones incorporadas desde el nacimiento; se desencadenan con rapidez y de manera automática en el rostro, la voz y el cuerpo, lo que las hace expresiones faciales universales; tenemos circuitos cerebrales de las emociones como si fueran una huella digital de cada una (neuronas del miedo, neuronas de la ira, etc.); son producto de la evolución, de ahí que sean universales para toda edad, cultura, región y época; son neutrales y se oponen a la racionalidad que es mediada por la razón (p. 12-14). Frente a esta versión clásica, Lisa Feldman argumenta:
Hay abundantes pruebas científicas de que esta visión es errónea (…) vemos que las emociones no son monolíticas, sino que están hechas de componentes básicos; que, en lugar de ser universales, varían de una cultura a otra; que no son provocadas, sino que las creamos nosotros; que surgen de una combinación entre las propiedades físicas del cuerpo, un cerebro flexible cuyas conexiones reflejan el entorno en que se desarrollan, y la cultura y la educación… son… un producto del consenso humano… A esta visión la llamo teoría de la emoción construida (Feldman, 2023, p.14-15).
Sin embargo, pese a reconocer la diversidad de emociones, la influencia de la cultura, la semiosis (signos y significados socialmente construidos), la educación y el entorno, Feldman no puede superar el reduccionismo biológico, y concluye: “Usando fragmentos de mi experiencia… mi cerebro construyó mi experiencia de esa emoción… mi cerebro aún podía transformar en tristeza las sensaciones resultantes (…) La ciencia de la emoción esclarece el misterio ancestral de la creación de la mente humana por parte del cerebro” (Feldman, 2023, p.15-18).
Feldman asume que todos los procesos psicológicos (percibir, entender el lenguaje, sentir empatía, recordar, imaginar, soñar, etc.) se describen por el mismo proceso de simulación. En consecuencia, afirma que “…es la clave para desentrañar el misterio de cómo el cerebro crea las emociones” (p. 50). El cerebro da significado mediante conceptos a las sensaciones, como el malestar del estómago, del corazón, de la piel, etc., construyendo un caso de emoción (p. 54). En resumen, para el constructivismo cerebral de las emociones, los procesos psicológicos son simulaciones construidas por el cerebro; las emociones lo son también: dependen de los conceptos que usamos para referirnos a ellas.
Conclusiones
La psicología de los afectos no puede ser reducida a la biología subyacente. Conceptualizarlos teóricamente es un requisito de su explicación científica. Proponemos la siguiente definición: los afectos refieren múltiples procesos corporales que subyacen en toda orientación, regulación, movimiento, modulación o restricción de las acciones: la homeostasis, la interocepción, las necesidades, las motivaciones, las emociones y los sentimientos. Son procesos concurrentes, sincrónicos, inseparables y sinérgicos de toda acción del individuo (cuerpo-cerebro) sobre el entorno. Llamamos a esta sincronía sinérgica, unidad dialéctica acción/afectos. No existe acción que no produzca afecciones corporales que luego, en diferentes culturas y grupos humanos, son signadas, cuya cualidad psicológica está en función directa del sentido personal de aquello que el sujeto concreto conoce (consciencia) en situación (el aquí y el ahora), en circunstancia (lo que rodea la situación) y el contexto biográfico, cultural e histórico del individuo. Los afectos tienen magnitudes en tres aspectos: en su reactividad (súbita, en ascenso constante o rápido, en su latencia); en su intensidad (alta, media, baja o indetectable para el sujeto); y en su duración en el tiempo. Desde nuestro punto de vista, los afectos y sus magnitudes expresan la unidad indisoluble entre la reactividad corporal de la persona en su accionar sobre el entorno; son funcionalmente dependientes de la importancia personal que el entorno percibido o concebido (conscienciado) tiene para el individuo humano en su desarrollo psicológico, cuyo entorno siempre es social, semiósico, cultural e histórico.
Financiación
Los autores declaran que no se recibió financiación para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Contribución de autoría
EAEC: Conceptualización, Redacción - borrador inicial, Investigación, Análisis formal, Redacción - revisión y edición, Recopilación de datos, Supervisión, Metodología.
ABR: Análisis formal, Redacción - revisión y edición, Redacción - borrador inicial, Supervisión, Visualización, Validación.
Todos los autores han leído y aceptado la versión final del manuscrito.
Conflictos de interés
Los autores declaran que no hay ningún conflicto de interés comercial o financiero para esta investigación.
Uso de herramientas de inteligencia artificial
Los autores declaran que no se ha utilizado ninguna herramienta de inteligencia artificial (como ChatGPT, Copilot, Gemini, u otras) en la redacción, análisis o revisión de este artículo.
Referencias
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La « doctrine des émotions » de Vygotski face aux théories neuropsychologiques des émotions
En 1933, Vygotski a publié le livre La doctrine des émotions, dans lequel il polémique avec les approches psychologiques, physiologiques, neurologiques et neuropsychologiques qui abordaient les émotions à son époque (l'approche viscérale et vasculaire de James et Lange ; l'approche physiologique de Sherrington, ainsi que l'approche cortico-thalamique de Cannon) ; il analyse les postulats philosophiques (Descartes et Spinoza) et épistémiques (matérialisme mécaniste et idéalisme berkeleyen) sur lesquels elles reposent. Sa critique fondamentale s'adresse au réductionnisme de la « biologie des émotions » humaines qui oublie la nature psychologique de celles-ci : le rôle de la signification et du sens, de la conscience et de la personnalité de celui qui s'émeut, c'est-à-dire leur caractère social, sémiosique, culturel et historique. Cet oubli conduit à simplifier le nombre d'émotions, alors qu'en réalité elles sont très diverses, ou à chercher leur classification et leur diversité dans la combinaison de quelques-unes. Objectif : Contraster sa théorie avec les rares théories sur les émotions qui ont émergé dans la neuropsychologie et les neurosciences contemporaines. Nous analysons trois théories biologicistes modernes : (a) la théorie polyvagale de S. W. Porges, qui fait renaître la position viscérale sur les émotions de James et Lange ; (b) la théorie d'Antonio Damasio, prototype de la linéarité explicative du matérialisme mécaniste ; et celle de Lisa Feldman Barrett, expression du néo-berkeleyanisme constructiviste dans les neurosciences des émotions (idéalisme objectif). À l'exception de Porges, qui se limite au système nerveux autonome, Damasio et Feldman théorisent sur le rôle de la conscience, de la culture et des significations, tout comme l'a fait Vygotski ; et seul Damasio s'assume philosophiquement spinoziste, comme l'a fait Vygotski. Cependant, malgré cela, son approche diffère qualitativement de la théorie vygotskienne. Ils abordent les mêmes thèmes, mais avec des explications théorico-philosophiques différentes de celles de Vygotski et de la neuropsychologie historico-culturelle d'A. R. Luria. Nous incluons notre conceptualisation des affects.
Vygotsky's "doctrine of emotions" versus neuropsychological theories of emotions
In 1933, Vygotsky published the book The Doctrine of Emotions, in which he debates the psychological, physiological, neurological, and neuropsychological perspectives that addressed emotions in his time (the visceral and vascular approach of James and Lange; the physiological approach of Sherrington, as well as the cortico-thalamic approach of Cannon). He analyzes the philosophical (Descartes and Spinoza) and epistemic (mechanistic materialism and Berkeleyan idealism) assumptions on which they are based. His fundamental critique is aimed at the reductionism of the "biology of human emotions," which neglects their psychological nature: the role of meaning and sense, as well as the consciousness and personality of the one experiencing the emotion—that is, their social, semiotic, cultural, and historical character. This omission leads to simplifying the number of emotions, when in reality they are highly diverse, or to seeking their classification and diversity in the combination of a few. Objective: To contrast his theory with the few theories on emotions that have emerged in contemporary neuropsychology and neurosciences. We analyze three modern biologicist theories: (a) S. W. Porges' polyvagal theory, which revives the visceral stance on emotions of James and Lange; (b) Antonio Damasio's theory, a prototype of the explanatory linearity of mechanistic materialism; and that of Lisa Feldman Barrett, an expression of constructivist neo-Berkeleyanism in the neurosciences of emotions (objective idealism). With the exception of Porges, who limits himself to the autonomic nervous system, Damasio and Feldman theorize about the role of consciousness, culture, and meanings, just as Vygotsky did; and only Damasio assumes himself philosophically as a Spinozist, as Vygotsky did. However, despite this, his approach differs qualitatively from Vygotskian theory. They discuss the same topics, but with theoretical-philosophical explanations that are different from those of Vygotsky and from A. R. Luria's historical-cultural neuropsychology. We include our conceptualization of affects.
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